"Asociar verdad con salud es una relación problemática y compleja", afirma el psicólogo Rubén González,
autor del artículo 'El engaño y la mentira en los trastornos
psicológicos y sus tratamientos', publicado en la revista 'Papeles del
Psicólogo'. Pero esta conexión ha tenido una respuesta afirmativa en un estudio
realizado por investigadores de la Universidad americana de Notre Dame y
cuyos resultados han sido presentados en la 120ª Convención de la
Asociación Americana de Psicología. Uno de los datos más llamativos fue
la media de mentiras por semana que verbalizaban los americanos: 11 mentiras.
Durante 10 semanas analizaron las respuestas de 110 personas ante
ciertas situaciones. La mitad de ellas fue entrenada para decir menos
mentiras. Precisamente, este grupo fue el que, según Anita E. Kelly,
profesora de psicología en dicha universidad y autora principal del
estudio, "presentó mejoras significativas en su salud". Tales beneficios iban desde menos sentimientos de tensión y melancolía a un menor número de cefaleas y molestias de garganta.
Sin embargo, la mentira ofrece ciertas ventajas en las relaciones
sociales. El psicólogo y criminólogo Jaime Gutiérrez, perteneciente al
Colegio Oficial de Psicólogos de Castilla y León, asegura que "mentir es una conducta adaptativa".
"Podemos asociar los beneficios con la ansiedad, es decir, con la
verdad se disminuye la ansiedad. Pero tampoco podemos afirmar que esto
sea mejor o peor para la salud", indica este experto apuntando a que las
personas tienen distinto nivel de activación que, traducida en forma de
ansiedad, es buena y necesaria.
Fundamentalmente, explica este experto, las personas mienten por tres motivos:
para adaptarse a un ambiente hostil, para evitar castigos y para
conseguir premios o ganancias sobre los demás. "Por ejemplo, la gente en
su curriculum vítae pone un nivel de inglés más alto del que realmente
sabe, pero lo hacen para conseguir un premio, un puesto de trabajo en
este caso, y esa conducta no tiene porqué ser necesariamente mala",
desarrolla.
Buscar el equilibrio
Decía el médico y psicoterapeuta austríaco Alfred Adler que "la
verdad es a menudo un arma de agresión. Es posible morir, e incluso
asesinar, con la verdad", por lo que a veces ser honesto no podría resultar tan bueno.
"En ocasiones decir la verdad, puede ser contraproducente", asegura
Gutiérrez, no obstante, aclara que la sinceridad es buena cuando las
consecuencias son positivas para la persona que emite la conducta y para
su entorno.
Por su parte, Rubén González también apoya esta afirmación. "Hay que buscar el equilibrio
entre lo que es bueno para nosotros y para el que recibe la notica".
Además, asegura que algunas veces puede asociarse decir la verdad con
signos de inocencia o falta de madurez, por tanto, en ocasiones la
mentira puede ser incluso necesaria.
Este experto divide la mentira en mentira 'prudente' e 'imprudente'.
La primera es aquella que se dice para adaptarse a la situación, la que
es "necesaria" decir en ocasiones para evitar un mal mayor. Pone de
ejemplo, una situación peligrosa como estar en una habitación con mucha
gente y que haya un incendio. "Puedes mentir y decir a la gente que no
está pasando nada y evitar así el caos. El control es necesario en estos
casos", detalla.
La segunda es cuando lleva consecuencias peores que dificultan ese
equilibrio mencionado anteriormente. Decir la verdad, puede tener
consecuencias negativas en el otro. Esto es, hay personas que tienen que
decir siempre la verdad, "tener la conciencia tranquila",
y esto "no siempre es bueno", puntualiza el psicólogo. "Esta sensación
de conciencia tranquila es la creencia de creer que han actuado bien y
por ello 'se sienten mejor' físicamente", explica.
Honestidad, un valor necesario
La honestidad, explica este experto, refuerza el que una relación, sea del tipo que sea, pueda ser mucho más consistente y estable. Pero, "tiene que haber también otras cosas, es un valor que no puede ir separado del resto", matiza.
"La honestidad absoluta en el ser humano no existe, es imposible que
un hombre siempre diga la verdad". Ésta, asegura, es un valor que debe
ir añadido junto a otros: "De nada vale que una persona sea sincera, si
le faltan otros valores".
Como conclusión, los expertos aseguran que no podemos relacionar
mentir en contextos cotidianos con una peor salud, pero que es bueno que
en la sociedad se eduque desde la honestidad y la franqueza. "Un desarrollo moral adecuado desde la infancia, orientado en la verdad, es positivo", finaliza Gutiérrez.
Fuente: El Mundo/Salud
Imágenes: leydejesuscristo.com y blogsdelagente.com