El estudio contó con 48 voluntarios varones de entre 20 y 64 años. Se les pidió que no bebieran alcohol ni comieran ajo, cebolla o comidas picantes. Tampoco podían ducharse y debían vestir unos calcetines de nylon bañados en etanol durante 24 horas. Pasado este tiempo, las emanaciones de su piel se recogían en contenedores de Teflon, que se mantenían adheridos a su pie durante 10 minutos.
Un equipo internacional de investigadores ha revelado que tanto la variedad como la cantidad de bacterias contenidas en la piel de una persona desempeñan un importante papel en la atracción de esta especie de mosquitos. Las hembras de estos insectos detectan durante la noche las señales olorosas de la piel, producidas por los microbios, y según esta información eligen su 'presa' y el lugar donde picar.
